sábado, 19 de noviembre de 2011

El ogro



¿De qué estamos hechos, de qué?
¿Qué es esta joya que llevamos
como olvidada y echada al barro,
y cómo es éste sobreponernos?
Es todo camino sobre la cuerda o acaso,
entre la ventisca haya un remanso,
apartado de la farándula,
unos minutos sólo, entre función y función…

Yo no lo sé, hermano,
yo no lo sé.

¿Y es eso cobardía amigo mío,
tú, el amante solitario de “Lo Abierto”, o qué?
¿Qué hiciste que te elevaba sobre nosotros,
rescatando las palabras,
libre, uno con ellas,
casi como si pudieras caminar también sobre el agua?
¿O es que un Ángel te había encomendado una misión?
¿Eran tus cumbres de tinta, tan distintas a lo de afuera,
que no pudieran resolverse en un abrazo definitivo?
Tampoco lo sé.

Es sólo que a veces soy la bandada.
Y me relevo con mis hermanos,
que me levantan, unos metros más,
un poco más,
cuando el frío aprieta la cordada.

Porque nunca sabremos si nuestra moneda
brincará segura en las manos de Claudio,
o si dormirá cansada algún invierno
suspendida en las de Esteban,
o rozando leves las del bravo Antonio,
que se quedó para siempre tan cerca.

Yo os miro a unos y a otros,
truncados en lo mejor, soñadores todos
de la cara norte,
y os pregunto por aquello que nos alcanza.

¿Y quién fue más?
¿Quién quiso más?
Pronto, pronto,
ya pronto nos llega.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Es sólo un momento

El olor de siempre
Que se le queda a uno todo el día pegado
Y no importa lo bien que se afile
Siempre un poco más
Porque yo sé que no eras tú quien tiraba
Cuando tirabas
Pero ¿qué hay de mi alma temblando
Con esta hoja de hielo
En la mano helada?
¿Sabrá quitarse de en medio a su tiempo?
Oh alma mía aprende pronto
Aprende pronto la canción escarlata
Que se escapa a chorros
Como este suave hermano
¿No ves qué noble va?
Pero a ti también
Ya te rodean por todas partes
Y aún no te veo entregada

jueves, 27 de octubre de 2011

La pregunta

Y me encontré la casa hecha
La sangre bullendo con sus treinta y siete grados
Telefonía sin hilos y un par de ventanas
A las que asomarme de vez en cuando

Y nebulosas danzando vertiginosamente
Sobre nuestras vidas
Tan necesitadas del cobalto
Que sus cenizas mimosamente nos brindan

Y en su pasar ultravioleta
No hacen sino repetirla
Y en mi mirar que sólo es azul
No hallo sino torpeza y desperdicio

Porque mis manos cuando surco la tierra
O se extravían jugando a enredarse contigo
Qué otra cosa son sino pregoneros
De la verdad más alta que los habita
Y que nos arroja mendigando de puerta en puerta

Unos se adelantaron y ya cesaron
Otros aún duermen colgados sus nidos
En las tiernas ramas primeras
Pero y nosotros

Nosotros creados para ella sólo
Soñando siempre ese beso
Abismal que nos reúna
Más allá de donde fuimos otra cosa

¿Acaso nos detendremos conformes
Con baratijas brillantes de poco peso?
¿O derribados gastados los ojos de mirar sin ver
Que sólo es ella paciente que nos contempla?

sábado, 22 de octubre de 2011

Palabras mayores

En la alegría cristalina del agua,
me llega el murmulo que brota sin tiempo.

En el rítmico latido que el pecho encierra,
retumba su nombre, su canto constante.

En la lumbre de la llama,
en la noche callada.

En todo.

Todo es nada.

Pero con una palabra.
Otra vez.

Corcéles indómitos, jadeantes.
Lanzados al combate al despuntar la mañana.
Arrancando chispas de fuego.
Levantando polvareda.

Con una palabra.      (Suya)

lunes, 10 de octubre de 2011

La verdad del asunto

El caminante se sentó junto a ellos y permaneció en silencio alrededor de la fogata.

Anciano, tenga a bien dirigirnos algunas palabras que alimenten nuestros corazones y nos sirvan de guía para que así seamos de los que obren rectamente.- Se atrevió el más avezado de ellos.

La verdad del asunto
es que tuve muchos hijos,
y a todos maté con mis manos.
Gozoso en algunos casos,
y en otros apesadumbrado.
Y sin embargo secreta
es la verdad del asunto.

Dicho esto, todos guardaron silencio ya que nadie se atrevió a continuar.

sábado, 8 de octubre de 2011

Pescaíto frito

Llevaba el mar en los ojos,
y no se rendía fácilmente.

¿Qué pasó luego Ernesto?

(... Si es posible aparta de mí ese cáliz.)

jueves, 6 de octubre de 2011

Cartas a Telémaco

La noche se me echa encima.
No me olvidé.
Fue sólo que no encontraba.
O no sabía.

Y mis manos vacías.
Perdónalas algún día.

sábado, 1 de octubre de 2011

El cangrejo violinista. (conclusión)

La mañana se despertó junto a su apetito.  Luego la “troupe” propuso como de pasada, cruzar el río y visitar el otro lado.  Había un pequeño transbordador habilitado al efecto que por un módico precio, y luego de unos diez minutos de agradable navegación, conducía hasta un subvencionado embarcadero de acceso al paraje natural.  La lengua de marisma lucía al suave viento milagrosamente bien conservada lo cual enmarcaba notablemente el evento.  Lentamente, entre fotos y bromas consabidas la procesión fue desfilando cada uno un poco a su aire, aunque las caras de los más pequeños eran sin duda las más expresivas.  Se dejó penetrar por la alegría asumiendo que ese era el verdadero reto, la vida con sus mareas. Luego el abrazo infinito, con la ropa puesta (no llevaba traje alguno de baño…)

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Cóctel

Algunos quemaron su tiempo
entre libros cenizientos, relatos exóticos
sobre el sabor del agua,
sobre el color del agua.
Su punto de ebullición
y otras lindezas termodinámicas.

Otros, los más pragmáticos
corrían a las ferreterías de siempre,
a los todo-a-cien, surtidísimos,
ávidos sobre sus anaqueles.
Cálices y copas,
cristales miles,
formas.

Jamás probaron una sóla gota.

lunes, 26 de septiembre de 2011

La muerte de un dios menor

Todos agradecieron la brevedad del oficiante.
Los capiteles augustos abundantes de nidos que ahora ya no.
Púrpura ajada en lo más hondo,
pero señorial hasta el último momento.

El resto del panteón expectante.
El reparto de túnicas.
En los portales, algún devoto aún lloroso.

Y fue niña
y amó.

Y fue amada.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Idas y venidas (En construcción)

Apresúrate burbujeó un cazuelo bullente.
Luego el sabor terroso, una última ojeada, todo en silencio.
Y al bajar las escaleras acompañado por los desperdicios del día anterior
un rumor de lilas rutilantes alegraron sus primeros minutos.

Apresúrate crujió la tapa del moderno contenedor inoxidable.
Los granados lloraban lentamente granadas abiertas que observaba
un enjuto mancebo de farmacia impasible ante un público ávido de placebos.
Muchacho, ayúdame!.  Sólo cruzar al otro lado.

Ineluctablemente bajaba el automóvil calles de sobra conocidas.
Encanto de tiempos pasados, encanto de lo decadente.
La trampa del alma.  Los del geriátrico puntuales en sus recogidas.
Al pasar el puente siempre la flecha verdosa hacia su destino ineluctable.

Las casas más remolonas comenzaban a despertar también, enredadas
entre los aromas 100% arábigos y la voluptuosidad del sopor matinal.
Todo aún caliente.  La sangre, vida en ello.  Fluir termodinámico de fluidos corporales
que nos dejan, sonrientes, aliviados.

Las oscilaciones del campo electromagnético amenizaban el trayecto
sintetizadas en titulares que el Sr. Herrera despachaba alegremente
con la sensación de que aquello lo arreglaba él en un pis-pas.
¿Usted qué opina doctor?:  (Sedación completa del paciente.)

Efectivamente, morían los de siempre.
Los cuerpecitos olvidados flotaban en el aire.  Lo que piden los mercados.
Unos pensamientos nacieron muertos en busca de respuesta
mientras el auto se detenía.  Maternal aparcamiento.

El teléfono palpitaba, en una caricatura cuando menos sospechosa.
Lo quiero para ayer!... (sin saber muy bien lo que se quiere y otras lindezas)
El frenesí de los electrones saturaba la bandeja de entrada. Cuidado con la puerta!.
Efímeros formularios se rellenaban supervisados por hoscos rostros que lo querían para ayer.

Las hileras avanzan caóticas y juveniles, las madres en sus cuchicheos distraídas.
Sólo esperar paciente unos minutos. Enseguida se llega.
¿Merecido sustento?:  En cualquier caso delicioso todo. Amor en ello.  Amor en las salsas.
Gratitud.  Es justo y necesario.

Alargada, su figura clamaba por aquello que más necesitaba,
luego se adelgazaba hasta no ser más que un punto olvidado de sí mismo.
¿No era aquello el más grande de los combates, el más ignorado?
Proseguía la tarde como si nada, mientras otros teorizaban con lustrosas citas sobre la transubstanciación de los galgos en podencos.

17:55 Colúmbidos, género "columba" zigzageaban las humedades del muro oeste.
Notas simbólicas se superponían al rugir fabril de una tarde poignardée a las 17:55 prés le jet d´eau.
Los pasos húmedo-cansados del Sr. González ascendían las 17:55 fastidiados por excrementos de palomas.
Zigzageantes dedos enviaban-recibían palomas electrónicas circunvalando las 17:55 bajo el rugir de pasos.

Pero todo podía y, ¿debía olvidarse? (Sirenas expendedoras justo al doblar la esquina.)
Sus pociones sutilísimas, los reclamos inalcanzables, tan carminados,
y su característico femenino "savoir faire" en general,  lo facilitaban grandemente.
Exquisitas manzanas agridulces al módico precio de 40.99Eur (30 ml.)

La vieja historia del viejo engaño tan actual sin embargo.
Nadie escucha. Dos oídos y una boca. Fisiología de la discusión.
La locura de los extremos tomando las calles.  Elías viene! (de Rumanía)
Y los niños de la calle (pelotazo?).  Mofa en sus ojos.

Señoras y caballeros permitan que me disculpe, la condición humana: qué se le va a hacer. (un poco de agua, y listo)
El ojo incendiado que se nos escapa, y la congoja por el mañana (che será, será ...)
atraían el bullicio hacia las terrazas tintineantes junto al agua.  (Una playa improvisada con sus sombrillas.)
Ella lo rescataría una vez más como cada Viernes. Apresúrate.

Bandejas lipiespumosas pasarían raudas junto a los semanales ágapes,
donde jocosas expresiones las saludarían en su breve pasar burbugrasiento.
Invitación a lo irrelevante.  Sueño dentro de un sueño.
Sólo algún cristal que estalla o el llanto de algún diablillo. (Inconformista.)

Pero ellos saben lo que hacer en estos casos.
Lo recuerdan y hete ahí todo más claro, a fuerza de repetirlo.
Y todo cae, como la escoria cae.
Nada hay más doloroso.

Papáaaaaaaaaaaa....... aaaaaagua! (Aterrizaje forzoso)
No te preocupes venga, a dormir, que es muy tarde. Una pesadilla sólo.
Me quedo un ratito.
Ángel de la guarda dulce compañía ...

sábado, 9 de julio de 2011

Axis

 
En Mí todas las cosas están ensartadas como una hilera de perlas en un hilo. (Bhágavad-Gitâ, VII, 7) ”

A bocanadas he bajado
Y ahora no recuerdo
Espero una palabra
Tuya y mía.

A Barlovento me llama
Tu poderoso viento
Ver pasar suaves los accidentes
Y el velamen desplegado

A buscar, pero no la filigrana
En ella pongo vanas esperanzas
Que luego nada
El engaño que al sol se deshilacha

A bucear, adentro, y aún más
Abandonadas las perlas ya sin valor alguno
Las decisiones, que tanto fatigan
Cuando al timón aferrados

A blancas alas supero
Si me refugio
Donde no hay escapatoria
Y siguiendo el cordel ¡he aquí un muchacho!

A buenos puertos
Tu nombre me sabe llevar
Quedarse en ninguno
La cortesía debida

A belleza opones justamente
Colosales brazos sutiles
Templando metales
Que aún resuenan al golpe preciso

A brisa fresca el hálito ascendente
Recuerda y nudos va desatando
Que otros lloraren
En la umbría penosa del exilio

viernes, 1 de julio de 2011

El mar no cesa


Vienes otra vez, ahora con otro vestido.
Y yo quisiera quedarme un momento más.

Pero tú vienes otra vez y me zarandeas.
Apenas el tiempo de coger un poco de aire.

Norte, luego Sur, luego… quién sabe.
La vista se nubla y los brazos pesan.

La espuma y la brisa siempre sonrientes, como si nada.
Rolando sin descanso siempre uno a través de tantos.

La flauta mágica



Qué hermosura en sus notas, subiendo y bajando.
A fe mía que me nubla y me lleva lejos.

Soy entonces como un expatriado.
Un miserable.
Alguien que sufre porque no entiende.
Si el sonido cesa.

Aunque mañana.
El viento caprichoso soplará.
Allá donde quiera.

Y nunca fue olvidadizo.

sábado, 11 de junio de 2011

Del tres y otros errores

  1. La tetera rezumaba espumoso té recién hecho.
    Se sirvió el primer vaso.  Único, sin igual.


  1. Prosiguió absorto en sus tonterías hasta que cayó en la cuenta…¡Queda más en la tetera!  (Ese fue el principio del fin).


  1. Probó suerte y el tercero le supo como a Proust, quizás aún más amargo.  Ya no hubo descanso.

Por el Amor de Dios, sólo era un poco de té.

miércoles, 8 de junio de 2011

Los coaligados

Cógelo, mira que ligero y brillante, y además casi irrompible.  Lo tenemos en todos los colores.  Anda no seas tonto te sale más barato.
Y luego ¿qué?:  - Luego lo tiras.

El tormento de las medusas qué puede importarte, eso no va contigo.

Giran y giran lentamente irradiados, o se hunden para permanecer ahí quien sabe cuanto.

Luego se extienden.
Silenciosamente sin que puedas verlos.

Poco a poco nos rodea aquello de lo que solíamos burlarnos.

sábado, 4 de junio de 2011

Cafetología. Conceptos elementales.

¿Habéis cambiado la decoración?  Todo le resultaba tan encantador que era normal que le pareciera como nuevo.  Sus tres retoños jugueteaban mientras la tarde se deshilachaba a medialuz contra las vidrieras.  Gaudí se sentía satisfecho desde las alturas, al tiempo que se despachaban dos chocolates suizos con mucha nata y su ración de churritos como Dios manda, un chocolate blanco para “Rayo Mcqueen” que soñaba con los ojos abiertos con algún caprichillo y un café solo para no dormirse luego en la carretera.  La peregrinación ritual se desarrollaba con precisión mientras el azahar y el resto de flores se amotinaban en los patios.

viernes, 3 de junio de 2011

Verte y no verte

"luces, cámara, acción"

Qué es lo que veo
cuando te veo.

Qué es lo que ves
cuando me ves.

Veo, veo...
¿Qué ves?

lunes, 30 de mayo de 2011

Romancillo del "Nuevo Mundo"

                                                                                        (2º eco de la marisma

dedicado a aquellos pajarillos
poco amigos de las jaulas,
especialmente las de oro)


Gran palabra que suena
a exotérica promesa
mientras cruza la marisma
un verde anhelo de menta:
son los pinos que se asoman
por la húmeda vereda.

Pinta, Niña, Santa Maria, -Adióoooooooos!
Carabelas de ilusión,
vuestro timón va dejando
estelas de letra muerta
por los mares doctrinales.

Mi sombra os va saludando
amarrada a la escollera,
con un pañuelito blanco
para enjugarse las penas.

sábado, 28 de mayo de 2011

Un jardín para Adelino

“Jardines por cuyos bajos fluyen arroyos”


Sandías rojas rodaban quebradas calle abajo.             
Tronaban los tiempos del “cadáver exquisito”             
y Adelino, iba camino de su sombra fresca.                            
No cabía su raudal en un tiesto tan finito.                                

Y qué había hecho sino cuidar de su anciana madre,  
que se abría para tragarlo de nuevo en su vientre.                   
Custodio noble de lo que habría de ser guardado                   
para los hijos que vienen:  Recordadlo siempre.                      

La madera era apilada en furtivas campañas                            
al son de laúdes metálicos intoxicados                        
con esa negrura del humo que anuncia el fuego.                      

Pero Adelino ligero entre las espadañas                                  
se había rendido a lo más alto de nuevo atado,           
y al mirarse mudas plegarias fueron su ruego.              

Philodelphus


Un aire que no podía ser nombrado                
mecía blandamente la noche alada                   
y el agua, con su mentira, mojaba                    
las últimas celindas del verano.            

Taisen Deshimaru exhalaba soplos                  
de luz mortecina color tintura              
como palomas negras de pintura,                    
rayos que fueron: ahora nombres solos.          

Filadelfia: sube desde tu gruta             
Anunciando el retorno de la sierpe                  
mata mi alma en los lechos que disfruta.          

¿Qué te pasa cariño, que no duermes?
¿Qué se te abraza y tu placer disputa?
Yo soy sólo, pasando suavemente.

                 

martes, 24 de mayo de 2011

Hasta pronto y ... "Que La Fuerza te acompañe"

Lo estaba pasando realmente bien, podía sentir la naturaleza hinchándole los pulmones como dos velas.  La ascensión por la ladera rocosa le recordaba poderosamente aquello que orientaba su vida...  Tardó aproximadamente dos horas en completarla, aunque claro, a los demás aturdidos entre sollozos no les supo precisamente a "gloria" el perderlo de vista.

lunes, 16 de mayo de 2011

Toy story

Un segundo breve lo dejó blanco.                   
En la cajita nácar encalada,                             
con su carita frágil apagada                             
y su juguetillo, que amaba tanto.                     

No llores Rebeca, deja ese manto.                 
Las azucenas más lindas, moradas,                 
ya no sirven si llega esa mirada                       
que todo trunca con su verde canto.                

Dolidos nunca fuimos otra cosa                      
que caídos de una estrella y luego nada.          
Déjame hoy besar tu mudo llanto.                   

Y no es sino un bello ángel que reposa
con su carita frágil apagada                             
y su juguetillo, que amaba tanto.                     

viernes, 13 de mayo de 2011

Supervisión

Lo he visto con los ojos bien cerrados.
Subía y aún había más, arriba.
Son los vigías, terribles y atentos,
precisos, bien dispuestos fila a fila.

En conciliábulos o a solas, mudos
testigos que sopesan con su vista,
de escritura pulcra, inafectados
mientras giran  al pairo nuestras vidas.

Conteneos, luego de dicha no vuelve
y la tinta eterna, queda patente.
A menos que una gracia que lo envuelve

todo disponga de algo diferente.
Guardaos de un día que todo resuelve,
y sus informes resulten presentes.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Romancillo Impaciente

                                                              (Eco verde de la marisma
                                                               dedicado a aquellos que saben
                                                               que les está dedicado)

Buscaba la sabiduría
en el encuentro de las aguas,
el del cayado sublime
y el de la verde mirada:
(sin saberse comprender)
dos cangrejos se observaban

martes, 3 de mayo de 2011

La Bocca della Verità.

Unos pasillos interminables nos invitan a romper los cristales si el incendio acecha.

A no permanecer sino poco tiempo (como si pudiera permanecerse mucho más), sobre todo si se da la feliz coincidencia de creernos estar embarazados...

Paisaje de fondo oceánico, lechos de roca blanca triturada enmarcados entre monolitos de cemento blanco, todo aquí es blanco.

Trigésima quinta consulta: Doctor  “Todo-irá-bien-ya-lo-verá”.

Luz a través de láminas de cristal y la vida se cruza conmigo en silla de ruedas.  Cerramos los ojos, (para no vernos).

No se mueva.

Y ese frío en la boca de la verdad que nos engulle mientras una función de onda se colapsa.

Ya le avisarán dentro de unos días, cuando el oráculo se pronuncie sobre su caso.

sábado, 30 de abril de 2011

La Paloma

Palpitaba acelerada entre las manos.
El Maestro la acariciaba con ternura infinita.
¿Sobrevivirá Maestro? - Le preguntaban angustiados sus alumnos...

- Le temps est passé et leur cœur s'est endurci, mais ...

martes, 26 de abril de 2011

Introducción a la "Cafetología"

Era Temprano, pero no tanto.
El más novato pidió un café sólo (que luego se recriminó).
Los dos de enmedio, sopesaron un par de cafés cortados en su justa medida.
Y por último, y a regañadientes el más indolente se disfrutó un café bombón rebosante con la dulzura propia de su estado complaciente.

sábado, 19 de marzo de 2011

Once

La vajilla era inocente y  preciosa.                   
Las copas, los vasos abandonados                 
bajo la lluvia de isótopos fugaces,                               
descansaban ahora tan livianos.
                       
Como después de un pomposo banquete,       
removidos de sus centros, ajados.                  
Constelaciones de cristal al agua                     
que no pudieron huir, sin más trizados.

Fragilidad en los bailes nipones,                      
las gasas, los farolillos pintados,                      
eran como juguetes que se caían                     
al compás de verdosos megavatios.                

La casita de cristal, tan bonita.            
Granaba, la cabeza entre tus manos                
se fue, y no digáis que fue verdad:                   
sonó un gong y todos nos despertamos.

martes, 15 de marzo de 2011

El cangrejo violinista (fragmento sexto)

Se elevan jaculatorias desde la orilla africana: otro cangrejo verde, tan viejo como la luna, más raído y monocorde repite su sonsonete: - en la sencillez, dormida como tu rosa: la dificultad.  Su abuelo se lo enseñó desde una duna morena del mar que no tiene orillas.  Era un cangrejo exigente, uno de los “pata negra”, -¡traedme sólo carne fresca!.  Un último esfuerzo fue telegrafiado “in extremis”  desde San Petersburgo, antes de que el día colgara el cartel de “cerrado hasta mañana”.  Antes del jaque mate triunfante, antes del vuelo imposible de sus mariposas disecadas.  Pensó escribirlo en la lengua de Virgilio, pero en atención a nuestra torpeza o como añoranza de su infancia (bordada en los volantones de su isla verde), se limitó a envolverlo en la mejor de sus fotografías y con el estilo tartésico de siempre:
“ Rosa primera,
de tocar su sencillez
amigo cesa. ”
Cinco más siete que pueden ser ocho pero que mejor dejamos en siete (para no estropear) y otras cinco son diecisiete: sale barato ser amable  ¿Pero servirá de algo, la cortesía del perfecto desconocido, o los cafés rezumantes, o la débil luz que habita en los tuétanos tintados de cada poema? ¿Dime “Ché será, será, whatever will be, will be”, cuando con sus verdes manos pregunte por ti, por mi.
Luz va buscando un cangrejito de trapo cuando la noche se le echa a cuestas.  Luz para buscarla, luz para encontrarla, luz sobre luz.  Luz de luna  sobre el agua, como una mentira flotante, luz reflejada.  El tambor de la luna retumba en el agua: tantán, tantán, tantán.  Adán. Tantán.  Sobre la noche oscura retumba al más puro estilo Nazim: tralará.


“Por el mar corren las liebres.
 Por el mar corren las liebres.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas.”

Mentira, reflejo de un reflejo, quizá una mentira piadosa, una mentira carmelita.  Una especie de debilidad aquí plantada color café.  Por eso los perros te aúllan cansinamente un reproche canino, porque no saben nada de decretos en su ignorada vida de perros. 



¡Oh mundo mío!, no eres otra cosa que engaño.  Sutileza, capa sobre capa, mentira sobre mentira como un capullo precioso que se abre a la vida.  Que bella es toda mentira, no en vano fue engalanada de azules, de oros, de suaves rosados en las tardes traidoras, embusteras siempre amigas del Pájaro-en-mano, las amantes baratas de los ojos del que está ciego.  Verdaderamente ciego.  ¡Ay Belleza!, verdaderamente no sé qué hacer contigo.  Bella es la luna llena de blancura, de luz, como un huevo lleno de vidas por aflorar, por nombrar, Adán, tantán, enséñales tú a declamar.  Elevado sobre los ángeles elevados, tu sonido primordial, Adán, tantán, enséñanos a reparar.  Errante por la marisma, bajo la luz de la luna, de trapo un cangrejo va.  Los pinos desde la senda asomados duermen ya.  Va cabizbajo, vuelve a casa, ausente de todo, ausente a todo en su paseo zodiacal, ausente a si.  Se envuelve en su flor de loto y se dispone a olvidar los susurros, los trinos (alejandrinos), las naves y el torear, como al principio, como siempre, cerró los ojos y abarcó los extremos.

El amante de Lady Sophía

Tanto la quería,
que se la zampó.

Filomeno a mi pesar

A veces, se esforzaba por todos los medios en asirse,
pero otras se abandonaba a su suerte.
Creía saberlo, le resultaba evidente,
pero en su ilusión, aún no era lo mismo
zambullirse que quedarse al "filo".

lunes, 7 de marzo de 2011

Tarde de toros

Cada vez se sentía más agotada, la conversación se iba tornando más y más rica en matices, en giros imposibles, como queriendo atrapar los colores de una tarde escurridiza, que se desangraba entre las metáforas de algún vuelo extático sin la mayor trascendencia.  Los ojos se nublaban ante el acoso vertiginoso de los capotes que la citaban una y otra vez al ruedo dudoso de las certezas.  Nadie la sabía comprender, pero nada de eso importaba porque estaba dispuesta a todo y embestiría con nobleza hasta la muerte, la ilusoria consistencia de interminables verónicas, las burlas tejidas con el oropel de las lenguas más afiladas.

sábado, 5 de marzo de 2011

Paco y la gran ola

Refugiado en algún rincón del Yucatán más primigenio, al maestro le encantaba flotar y ser indolente consigo mismo en el mejor sentido de la palabra.  Era el hijo del instante para los pocos que podían percibirlo, y aunque tocaba pasmósamente acorde tras acorde de la manera más virtuosa, en realidad la impresión que daba es que ya nunca se bajaba de su gran ola.

viernes, 25 de febrero de 2011

El exilio del príncipe

La garganta empezaba a punzarle subyugada por los latidos cada vez más tempestuosos.  En seguida lo supo pero ya era demasiado tarde, la hoguera reventaba ya en incontables racimos de supernovas ultravioletas que se alimentaban con lo que había salido de su propia boca: yo soy mejor que él.

martes, 22 de febrero de 2011

La rosa negra

Apenas se hubo repuesto, al bajar del escenario, cuando la mofa de los corrillos empezaba a colarse por sus ojos mientras canturreaba para sí mismo: "morena soy, pero hermosa ..."

La mecánica celeste

¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?
Se detuvo un momento mientras los amplificadores operacionales realimentaban la señal con ese mimo especial que sólo el silicio, con sus impurezas sabiamente dispuestas, es capaz de entregar a la salida antes de saturarse.  Entonces lo percibió claramente: "Dat gratiam pro gratia"

lunes, 21 de febrero de 2011

El cangrejo violinista (fragmento quinto)

Y en qué ocuparemos este pasarnos raudos de principio a fin, en qué, con qué, con qué se rellena esta oquedad palpitante de cangrejo que ni de tierra ni de agua, con qué.  Ah, si tú, tú lo sabías más que yo, con esa sabiduría que sólo nace de la necesidad última, con ese estandarte solemne que se regala en el clamor que viene de adentro, pobre, como los semblantes cobreados de los faquires más livianos, infinitamente pobres, infinitamente adelgazados más que yo.  Y así pasabas tú raudo en tu vuelo, envuelto en esos mantos de color café, adelgazado también, y te llamaban cariñosamente “medio hermano” porque en tu pobreza no llegabas sino a la mitad de todo, al término justo, porque como dicen los de Estagira, no hay virtud sino en la mitad de todo, ahí, ahí donde el corazón se conoce a sí mismo en su misma mitad desnuda, ahí donde dice ¡ay!, ¡ay!, ¡ay!, y brota una seguiriya malva.  Y como eras solemnemente pobre (pobre por dentro, pobre-oro, y pobre por fuera pobre-plata), mira a qué te comparo en tu preñez de nueve lunas y treinta y una estrofas cuando dijeron desde lo alto de sus zapatos abrillantados con betún de judea: “has hecho algo inaudito, tu padre no era un maleante, ni tu madre una ramera”, y es que olvidaron ,entre tanto pergamino, que el viento sopla donde quiere, que siempre hace lo que quiere, y que soplará y soplará y derribará las urbanizaciones que no estén edificadas en terreno urbanizable, piedra sobre piedra, por muy recalificadas que estén desde algún consistorio municipal costero, de esos tan amigos de sus amigos, espantapájaros vendedores de paja, corazón de paja, ojos de paja a la caza de más paja en los ojos ajenos.  Si, cuesta creerlo, pero ese es el poder que tienen las Palabras, pino coronado  (¿eres tú el “pino de la corona”?), y por eso te arrojaron colina abajo creyendo tapiar todas las rendijas, por eso quisieron hacerte inaccesible como al minotauro abominable en el zulo que tú soleabas llameando ascuas vivas.  En vano cortaron todas las amarras y te acusaron de querer andar descalzo por las calles, como quien vaga por un valle de zarzas ardientes que no cesan en su rugido “sonoroso”:
quítate las sandalias”,  
Yo soy el que soy”,
Yo soy el que …”,
Yo soy el …”,
Yo soy…”,
Yo…
Y es que ya no se puede ir así por la vida hombre, pero para ti, nada de eso tenía la mayor importancia, porque estas llagas te eran sabrosísimas, y todo lo sobrellevabas con santa paciencia no exenta de queja y “zelo” (zelatus sum …”).  Poéticamente incorrecto, secuestrado, juzgado y condenado por el alto tribunal defensor de la ortografía y buenos usos de la lengua en tiempos de Felipe Sega, huido y asilado al tercer día en las embajadas encaladas del sosiego hospitalario.  Si, tú estabas prevenido en este irnos de lo que nos llega, estabas prevenido y no te sentías nunca tan cerca como para asir, ni tan lejos como para desesperar y quizás por eso, desde las urnas pulcras que guardaban tus hijas pulcras, en ese silencio pulcro tan noble que a veces puede oírse en Sanlúcar, me decías entre tachones y primores que no le diera importancia a esas cosillas, porque a fin de cuentas: “si venerit ad me, non videbo; si abierit non intellegam eum”, pero nunca te hice caso, nunca te hacemos caso, nunca hacemos caso.  Sanlúcar... Sanlúcar fue para mí un manto caritativo de sal y flores y pasé tan raudo por ellas que apenas me di cuenta si el perro tenía rabo o si Ramón Ramírez se lo había cortado, perdido entre el bullicio de los tenderetes de la plaza de San Roque, aledaña a la calle Bretones.  Si, había viento rezumante por sus calles, como queriendo desatarse hacia el mar, como queriendo tumbar urbanizaciones ilegalmente legales, ingrávidas en un rápido galope de corceles matinales, cascos chispeantes, jadeo, la nube de la polvareda...  pero no sabían decirme lo que yo quería, y preguntamos a la cigarrera, a la gitana y hasta a las puertas rojas de barbadillo pero nadie sabía nada, nadie conocía la bodega oscura donde se adobaba el vino.  Bajaban las aguas tranquilas hacia la bahía, flotaba en ellas el cadáver de un ahogado (¿de quién?).  En el pueblo se van encendiendo las luces, y un ave con alma de pino canta libre sobre los cafetales (¿de quién?).  Un cangrejo de trapo, pasea taciturno dolorido en su oquedad sin saber ya ni a lo que había venido, ahí va, de lado a lado de uno a otro solsticio.  Se encontró las puertas entreabiertas y le da un poco de cosilla: solisombrea al arrimo de unos pinos verdioscuros que canturrean como un coro (del barrio La Viña):
“… dejarte del todo.”
Y la luna verde se asoma al barandal de las cañas, la noche que tú soñaste oscura, como un eco fino de nácar y añade:
“… en todo.”

sábado, 22 de enero de 2011

El cangrejo violinista (fragmento cuarto)

Recuerdo que yo era entonces un hombretón torpe, un miope con dieciséis dioptrías de sufrida franela que iba poniendo tiritas a un mundo que se resquebrajaba sobre los pasillos del Manuel Reina.  Alguien que se asía a la rabia a golpes del ...And Justice For All”, rodeado siempre de amigotes con la  camiseta negra, presumiendo de lo que no teníamos, destartalados, como eucaliptos greñudos de mal pelaje, cortados todos por la misma tijera destemplada y contestataria.  Y allí estaba yo, “sin dueño, entre las ortigas, piedra por pulir que brillaba” por las tardes sentado en mi templo silencioso, ojeando lo que mis dioptrías siempre sedientas me permitían (que era poco, siempre es poco) y así fue como te conocí, porque estabas ahí, tan desangelado, tan necesitado de asirte a algo, tan negruzco y carbonizado, que me parecía estar mirándome en un espejo cuando te leía, 11x18 tapa dura repujada grana sobre oro, a devolver en una semana, y enseguida fuimos amigos y te llevé conmigo por entre los pinares, y por las dejadas riberas de aquella miope adolescencia.  Yo te llevé conmigo, como quien lleva un tesoro, como quien lleva un estandarte en secreto, plantado en el alma como un lanzazo porque es que siempre hubo en nosotros esa afición al malva, esa tonalidad tan extraña que resulta de pasar las tardes mirando lo que no puede verse, lo que no puede decirse, con esa cara de huérfano o de bobo tan característica entre los marineros de tierra adentro y que resulta tan graciosa a los transeúntes, que los dejan pasar mientras van maldiciendo a diestra y siniestra como si les faltara un brazo, o como si hubieran perdido una arboleda y sólo les quedara la dudosa gloria de poder evocarla vagamente.  Porque quién conoció el malva mejor que tú, dime, quién.  Quién mejor muerto que tú en vida, con esos ángeles agrios revoloteando como murciélagos cenicientos sobre tu silueta porteña que se transportaba al infierno como tú mismo me decías: sin moverse ni cambiar de postura.  Infierno y cielo están tan cerca…  Pero quién, quién mejor ángel caído que tú, desenterrado del mar malva y del cielo malva que tanto amamos, ajenos al canibalismo honrado de las ciudades a las que no quisimos venir, pero ahora todo se nos cuela por los ojos a poco que nos descuidamos.  Quién: … puede que yo.  Si, también yo era un tonto, ya lo he dicho, y lo que hemos visto desde entonces nos ha hecho dos tontos o cuatro o muchos mucho más tontos,  pero es lo que tocaba ¿no?, y fuimos tirando con lo que había, apegados al número y a lo que emana de las bodegas: otro café para hacernos un poco más navegables, sumisos (¿o esperanzados?) en las promesas, y aunque no encontráramos maestros que nos dictaran los fonemas en la pizarra del viento, aunque nadie comprendiera bien qué era aquello que nos faltaba para completar la cuenta, (ni nosotros mismos lo sabíamos) nos gustaba pasear “con las blusas bien hinchadas al llegar a la escollera”, buscando siempre alguna pista sobre el paradero de la estrella polar, por las callejuelas de una judería que nos resultaba siempre tan enigmática como acogedora.  Sí, nos gustaba llenar el pecho del aire ajazminado de la ciudad, condecorarnos con él, o pasar la tarde tomando caracoles y arreglar el mundo de pasada, disfrutando como disfrutan los chiquillos con nuestra frágil libertad univesitaria recién salida del horno.  ¡Ay!, la ciencia de las mareas.  Y la plegaria fue escuchada y vino el Ángel que era una niña morena (“y ágil”), con su sombrero comprado en Londres y su tercero de piano no acabado y todo se volvió más claro, todo más claro.  Y salíamos a pasear vestidos de verde y nos recogía la luna y yo volvía a mi casa y todo estaba en su sitio, y mi madre que me espera siempre, nos abría el camino quitando todas las malezas del camino, con sus ojos malva, con sus manos malva, con sus puñales malva bien clavados en el alma, porque las madres esperan siempre y ellas mismas se vuelven malva de tanto esperar.  Ese fue el tiempo dulce que nos hizo florecer aceitunas, cuando rompíamos a pedradas las urnas del cielo nocturno para robar sus constelaciones más altas y nuestros ojos se llenaban al mirarlas, y hubo cine y palomitas y un día quisimos viajar y ver el mundo y olvidar el porqué habíamos venido.

Fue en la edad del hierro, era verano, y mi Ángel dijo vayamos a Sintra, se está bien y quiero enseñarte algo, y anduvimos por entre las hortensias más tiernas, perdidos, gozosos, absorbiendo su azul.  Y el océano mientras, era un coloso, un pequeño “enfant terrible” dormido entre las brumas que se desparramaban ladera abajo.  Fue cuando la tierra nos tragó y nos hizo morir y girar en círculos, y la luz luego nos dio poder para andar sobre el agua a grandes saltos, y volver a nosotros con las manos vacías, como si nada.  Pero ya todo era una pregunta. Una larguísima pregunta como una cobra enroscada alrededor de mi cuello, alrededor de mí, como si fuera yo mi propio punto, otra vez ahí.  Y mi Ángel no sabía, ni sus ojos de color extraño lo sabían, y entonces supe que debía marcharse porque su tarea había acabado y me dijo no estés triste, te dejo mi trébol de cuatro hojas y mi casa, para que duermas en ella y una foto con mi corazón palpitante y con fuego encendido dentro, para que estés calentito y no me olvides.  Las cuidaré siempre, le prometí solemnemente.  Llegaron cartas de pueblos antiguos, mapas con mucho polvo y relatos legendarios que nos hicieron caer del caballo de Troya que nos dejaron Watt y los suyos. Y con el pasar lento de los días descubrimos que ya había una semilla plantada en nuestros oídos que hablaba francés con fluidez matemática desde los deltas verdes del Nilo. Su voz paciente y precisa nos habló de la geometría perdida de las auroras y de la vuelta cíclica de las palomas mensajeras a su palomar de toda la vida, a su palomar de siempre, y todo lo hacía sin extenderse en consideraciones que inevitablemente lo harían ir demasiado lejos del tema que nos ocupaba.  Si, la confluencia de las aguas nos fertiliza siempre, nos hace mirar una y otra vez el paso lento de las lenguas líquidas que lamen verdes la arena.  Y de repente extiendes las manos y nada pesa, y ves bailando a Shiva Nataraja sobre ellas, y comprendes su baile sagrado en toda su grandeza terrible que en realidad no comprendes, porque el aroma de la ceniza sólo te llega a la lengua y no baja más, porque resulta tan agrio…  Sí, tanta luz de golpe ciega, pero es sin duda ese sabor lo que nos impulsa a seguir la búsqueda de la suma que no resta, ese límite al que tendemos desde nuestra arquitectura de istmo sin poder cogerlo, sin poder tocarlo (tócalo Tomás!, tócalo!).  Es esa caída y no otra la que nos hace sentir tan huecos que vamos preguntando a todo el mundo ¿Adónde te escondiste…”, tan deshabitados, tan pisoteados como estos interrogantes cangrejos violinistas, que pisaste por certificar tu horror al vacío (es lo que tiene ser el hermano mayor), que pisamos ahora y seguiremos pisando luego, en aquellos deltas de la Florida, que son estos deltas del Rompido, que es Sitges (decid si por vosotros ha pasado”), que es todo la misma cosa.  Como cuando mi abuelo Q.E.P.D. dijo: - Déjame ver cómo…  y tú le decías: -¿Acaso no crees?  No, que va, es sólo para quedarme tranquilo.  Siempre es la misma cosa cogemos los pájaros despedazados y a esperar que vuelvan junto a estos deltas, marismas, aguas que nos enseñan siempre lo mismo, porque siempre es lo mismo.  Siempre es lo mismo: y entre tanto, te apuntas a algún club por aquello de que “no es bueno que el hombre esté solo” y te dan la tarjeta, el carné de paloma sin alas y tú vas por la calle deseando que alguien se te acerque, pero en lo más hondo sabes que no, que nada ha ocupado el hueco, que sólo le has puesto otra funda más.

jueves, 13 de enero de 2011

El cangrejo violinista (fragmento tercero)

Adentrarse en los pinares fue perderse sí, ya lo sé, y qué es la vida sino un perderse poco a poco, un día se da un pasito por la tontería más grande, otro día otro y otro, y otro…  y así casi sin darse cuenta un día se nos caen las alas y olvidamos de pronto el porqué hemos venido, y con suerte, sólo nos queda el malva de una tarde, un rescoldo que ya se apaga humeando unas nubes pedigüeñas que van gritando el espanto:  “el arte ha muerto, el arte ha muerto, el arte ha muerto”.  Y qué más da, si, ya lo sé, que tú ya me lo decías con tu rumor de mil alas de jade bajo el oro vespertino, como un oráculo, como la abeja zumbando.  Tú, tantas veces transitado, tú, patrono de todos los pinos, de todos los pájaros y de todos sus nidos, singular en tu arquetipo que no pasa, como un eje vigoroso de cristal transparente, (¡ay, la transparencia anhelada!), siempre más sobrio e impermeable al dardo húmedo, ese doloroso rostro que tanto enturbia nuestras miradas, amantísimas todas del camino fácil de botellas luminosas y del balar acelerado:
“para venir a donde no sabes,
Has de ir por donde no sabes”
Porque qué cosas no sabemos, aún sabiendo que no las sabemos, y por dónde vamos chacho, por dónde vamos, sin saber por donde vamos.  Pero así somos,  tiramos del carro refulgiendo, bien derechos, catedráticos de la provisionalidad, absortos en el paso fugaz de los  modelos matemáticos, con esa materia fría y oscura que tanto nos intriga, tan sedados, que se nos olvida mirarnos de vez en cuando otra cosa que no sea nuestro ombligo y  confesar algún pecadillo, algo de poca monta como lo que echamos por la borda haciendo colas en la caja de algún hiper, o lo que arrebatamos a la flor más tierna en su soñar primero, para luego apilarla entre los celofanes recónditos de un todo a cien.  ¡Oh mundo mío!, alégrate que ya estás parametrizado.  Salgamos a celebrarlo a lo largo y ancho de nuestra perfecta ignorancia, aunque luego una noche cualquiera, los dedos se estiren hacia la fábrica de los sueños y ya no haya nada.  Y sólo te salga al encuentro una luna grande de diazepan que te abraza, y que te acuna entre sus senos como una madre suave, y entonces te digas a ti mismo: ¿por qué no?, y te dejes ir cuesta abajo sin importarte ya que sólo haya sido eso, un sueño, uno malo, uno de esos que termina resquebrajando la muralla siempre por abajo, un sueño decorado con mármol de tumba finísimamente pulido que te canta indiferente (o no tan indiferente) como un chamán sibilino en trance extático: "cada quien su propio demonio".  Gracias pero no, para qué abrir esas puertas si tus ojos no saben (o no quieren) ver ya ese rostro que tanto hemos olvidado, si sólo quieren hundirse por el lado oscuro y disolverse, atravesar el umbral rodando por la autopista en dirección contraria a todo trapo...  Siempre la prisa…  Gracias pero no.  Así no.  Por eso quizás a eso he venido yo, tal vez.  A confesar… aquí entre amigos, que he vivido, yo también, o que lo intento, o que sólo he soñado que vivía soñando, y que una mariposa verde era.  Verde, verde, verde… siempre verde.  Verdeola fue volando un verde de caracolas.  Verde viento, verdes ramas, ni el barco está ya sobre el mar ni el caballo en la montaña; mi verde nunca fue el verde tuyo, aunque venga de Granada.  Vestidos de verde antiguo, de las historias sagradas de los romances escritos con las palabras de plata.  Buscaba la sabiduría en el encuentro de las aguas, el del cayado sublime y el de la verde mirada (sin saberse comprender) dos cangrejos se observaban: ¿Qué será lo que lleva el verde hasta el borde de mi alma?  Jeroglíficas preguntas… (para las que no tendré paciencia): ni la nave rota, ni el muchacho muerto, ni el tesoro que se esconde tras las secretas dovelas.  Pero qué se le va a hacer, chacho, si a mí también me fusilan diariamente los silenciosos lugares, la negrura de pez negro que pueden oler los neoyorquinos que se afanan en los muelles, o incluso el blanco derretirse de los témpanos del hambre sobre unos niños asustados que nos gritan ¡Eli, Eli, lama sabachthani!”.  Mi verde no es el verde tuyo, pero no te nubles hombre, ni te aloques, aguanta… no ha menester ponerse trágico,,, sé un hombre! (Sé…) un hombre de verdad (como Dios manda), y entonces ya no habrá más … , no habrá nada roto y el barranco volverá a florecer lirios silvestres, cardos y flores livianas, y entonces yo te invitaría a pasar a mi casa, a tomar un poco de café, pero claro te dieron tanto, tan frío y tan de madrugada, que es posible que esto no te resulte muy hospitalario.  Tú preferías la miel azulona del romero y la albahaca recién regada con agua fresca del pozo abundante de tu casa.  El pozo del amor infantil que enjalbegabas con la blancura inmaculada de la almohada donde vivías siempre bordado.  La bendita huerta… Pero se hizo de noche y el niño tuvo miedo de la luna inmensa y su mamá no vino a cantarle una nana o a cogerle la manita a tiempo, y quizás por eso se echó al monte al trote de jacas poderosas y todo fue huida entonces, y presentimiento frío al compás de la siguiriya.  Y qué distinta fue tu huida de la mía, (o no tan distinta en el fondo) entre claveles apuñalados y fatales rascacielos hechos añicos desde donde te miraba siempre la de verde, la de los pies mojados, la que siempre te esperaba y que no te dejaría llegar nunca a tu Córdoba, a tu dorada Córdoba, a las cinco en punto de la tarde.  No, definitivamente el barco no está ya sobre la mar, ni el caballo en la montaña, mi verde nunca fue el verde tuyo, compañero de batalla: mi verde es un oleaje terrible de verdeagua, un agua de verdevida, ¡mi verde es ésta marisma!: fluir inmenso sin lugar para lo trágico que tanto nos espanta, fluir inmenso alejado de la inercia de lo inerte, y qué inertes estamos, cuánta inercia aún en nuestro prodigioso ir eléctrico a quién-sabe-dónde, tan aferrados a nuestras cosas pájaro-en-mano, tan dolidos, tan dolientes…  Quién nos dirá chacho, quién, si las letras son siempre grises, apretujadas hileras grises de signos, de cifras, de transvases crípticos demasiado gastados o demasiado arrimados al ascua de la sardina más sabrosa, y mientras, la vida verde se escapa por el verde de la senda. Y es por eso sin duda, que también aquí yacen entre estas teselas de verdor furtivo que se me vuelven grises en cuanto aparto mi mano de ellas, retazos de mapas mundi, tesoros de otros poetas, cosas que ni yo mismo sé bien qué son, y quizás un poco apagadas, un poco malva como la perla que se echa tanto de menos, nostalgias de marinero que soñaba con la escuela.