martes, 15 de marzo de 2011

El cangrejo violinista (fragmento sexto)

Se elevan jaculatorias desde la orilla africana: otro cangrejo verde, tan viejo como la luna, más raído y monocorde repite su sonsonete: - en la sencillez, dormida como tu rosa: la dificultad.  Su abuelo se lo enseñó desde una duna morena del mar que no tiene orillas.  Era un cangrejo exigente, uno de los “pata negra”, -¡traedme sólo carne fresca!.  Un último esfuerzo fue telegrafiado “in extremis”  desde San Petersburgo, antes de que el día colgara el cartel de “cerrado hasta mañana”.  Antes del jaque mate triunfante, antes del vuelo imposible de sus mariposas disecadas.  Pensó escribirlo en la lengua de Virgilio, pero en atención a nuestra torpeza o como añoranza de su infancia (bordada en los volantones de su isla verde), se limitó a envolverlo en la mejor de sus fotografías y con el estilo tartésico de siempre:
“ Rosa primera,
de tocar su sencillez
amigo cesa. ”
Cinco más siete que pueden ser ocho pero que mejor dejamos en siete (para no estropear) y otras cinco son diecisiete: sale barato ser amable  ¿Pero servirá de algo, la cortesía del perfecto desconocido, o los cafés rezumantes, o la débil luz que habita en los tuétanos tintados de cada poema? ¿Dime “Ché será, será, whatever will be, will be”, cuando con sus verdes manos pregunte por ti, por mi.
Luz va buscando un cangrejito de trapo cuando la noche se le echa a cuestas.  Luz para buscarla, luz para encontrarla, luz sobre luz.  Luz de luna  sobre el agua, como una mentira flotante, luz reflejada.  El tambor de la luna retumba en el agua: tantán, tantán, tantán.  Adán. Tantán.  Sobre la noche oscura retumba al más puro estilo Nazim: tralará.


“Por el mar corren las liebres.
 Por el mar corren las liebres.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas.”

Mentira, reflejo de un reflejo, quizá una mentira piadosa, una mentira carmelita.  Una especie de debilidad aquí plantada color café.  Por eso los perros te aúllan cansinamente un reproche canino, porque no saben nada de decretos en su ignorada vida de perros. 



¡Oh mundo mío!, no eres otra cosa que engaño.  Sutileza, capa sobre capa, mentira sobre mentira como un capullo precioso que se abre a la vida.  Que bella es toda mentira, no en vano fue engalanada de azules, de oros, de suaves rosados en las tardes traidoras, embusteras siempre amigas del Pájaro-en-mano, las amantes baratas de los ojos del que está ciego.  Verdaderamente ciego.  ¡Ay Belleza!, verdaderamente no sé qué hacer contigo.  Bella es la luna llena de blancura, de luz, como un huevo lleno de vidas por aflorar, por nombrar, Adán, tantán, enséñales tú a declamar.  Elevado sobre los ángeles elevados, tu sonido primordial, Adán, tantán, enséñanos a reparar.  Errante por la marisma, bajo la luz de la luna, de trapo un cangrejo va.  Los pinos desde la senda asomados duermen ya.  Va cabizbajo, vuelve a casa, ausente de todo, ausente a todo en su paseo zodiacal, ausente a si.  Se envuelve en su flor de loto y se dispone a olvidar los susurros, los trinos (alejandrinos), las naves y el torear, como al principio, como siempre, cerró los ojos y abarcó los extremos.

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