En la alegría cristalina del agua,
me llega el murmulo que brota sin tiempo.
En el rítmico latido que el pecho encierra,
retumba su nombre, su canto constante.
En la lumbre de la llama,
en la noche callada.
En todo.
Todo es nada.
Pero con una palabra.
Otra vez.
Corcéles indómitos, jadeantes.
Lanzados al combate al despuntar la mañana.
Arrancando chispas de fuego.
Levantando polvareda.
Con una palabra. (Suya)
No hay comentarios:
Publicar un comentario