Lo he visto con los ojos bien cerrados.
Subía y aún había más, arriba.
Son los vigías, terribles y atentos,
precisos, bien dispuestos fila a fila.
En conciliábulos o a solas, mudos
testigos que sopesan con su vista,
de escritura pulcra, inafectados
mientras giran al pairo nuestras vidas.
Conteneos, luego de dicha no vuelve
y la tinta eterna, queda patente.
A menos que una gracia que lo envuelve
todo disponga de algo diferente.
Guardaos de un día que todo resuelve,
y sus informes resulten presentes.
No sólo tenemos la permanente
ResponderEliminarMirada.
Otro, sin ojos, nos ve y nos conoce
Dice:
Esas no entran en sus cuentas.
Por qué?
Preguntan extrañados los nobles
Escribas.
Quién ve el interior bien sabe
Lo que hay
En este corazón sorprendido.
No acepto
Obra, por muy piadosa que sea
Que algo
A Mi asocia.
Un muy grande abrazo.