¿De qué estamos hechos, de qué?
¿Qué es esta joya que llevamos
como olvidada y echada al barro,
y cómo es éste sobreponernos?
Es todo camino sobre la cuerda o acaso,
entre la ventisca haya un remanso,
apartado de la farándula,
unos minutos sólo, entre función y función…
Yo no lo sé, hermano,
yo no lo sé.
¿Y es eso cobardía amigo mío,
tú, el amante solitario de “Lo Abierto”, o qué?
¿Qué hiciste que te elevaba sobre nosotros,
rescatando las palabras,
libre, uno con ellas,
casi como si pudieras caminar también sobre el agua?
¿O es que un Ángel te había encomendado una misión?
¿Eran tus cumbres de tinta, tan distintas a lo de afuera,
que no pudieran resolverse en un abrazo definitivo?
Tampoco lo sé.
Es sólo que a veces soy la bandada.
Y me relevo con mis hermanos,
que me levantan, unos metros más,
un poco más,
cuando el frío aprieta la cordada.
Porque nunca sabremos si nuestra moneda
brincará segura en las manos de Claudio,
o si dormirá cansada algún invierno
suspendida en las de Esteban,
o rozando leves las del bravo Antonio,
que se quedó para siempre tan cerca.
Yo os miro a unos y a otros,
truncados en lo mejor, soñadores todos
de la cara norte,
y os pregunto por aquello que nos alcanza.
¿Y quién fue más?
¿Quién quiso más?
Pronto, pronto,
ya pronto nos llega.