Un aire que no podía ser nombrado
mecía blandamente la noche alada
y el agua, con su mentira, mojaba
las últimas celindas del verano.
Taisen Deshimaru exhalaba soplos
de luz mortecina color tintura
como palomas negras de pintura,
rayos que fueron: ahora nombres solos.
Filadelfia: sube desde tu gruta
Anunciando el retorno de la sierpe
mata mi alma en los lechos que disfruta.
¿Qué te pasa cariño, que no duermes?
¿Qué se te abraza y tu placer disputa?
Yo soy sólo, pasando suavemente.

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