- La tetera rezumaba espumoso té recién hecho.
Se sirvió el primer vaso. Único, sin igual.
- Prosiguió absorto en sus tonterías hasta que cayó en la cuenta…¡Queda más en la tetera! (Ese fue el principio del fin).
- Probó suerte y el tercero le supo como a Proust, quizás aún más amargo. Ya no hubo descanso.