Algunos quemaron su tiempo
entre libros cenizientos, relatos exóticos
sobre el sabor del agua,
sobre el color del agua.
Su punto de ebullición
y otras lindezas termodinámicas.
Otros, los más pragmáticos
corrían a las ferreterías de siempre,
a los todo-a-cien, surtidísimos,
ávidos sobre sus anaqueles.
Cálices y copas,
cristales miles,
formas.
Jamás probaron una sóla gota.
A lo que contestó al-Yunayd:
ResponderEliminar"El agua toma el color
Del cristal de su copa".
Quién prueba de ella un sorbo
Un océano entero no calma su sed
Cena para dos, como mucho (... donde tres son multitud)a poder ser vivitos y coleando.
ResponderEliminar