Y me encontré la casa hecha
La sangre bullendo con sus treinta y siete grados
Telefonía sin hilos y un par de ventanas
A las que asomarme de vez en cuando
Y nebulosas danzando vertiginosamente
Sobre nuestras vidas
Tan necesitadas del cobalto
Que sus cenizas mimosamente nos brindan
Y en su pasar ultravioleta
No hacen sino repetirla
Y en mi mirar que sólo es azul
No hallo sino torpeza y desperdicio
Porque mis manos cuando surco la tierra
O se extravían jugando a enredarse contigo
Qué otra cosa son sino pregoneros
De la verdad más alta que los habita
Y que nos arroja mendigando de puerta en puerta
Unos se adelantaron y ya cesaron
Otros aún duermen colgados sus nidos
En las tiernas ramas primeras
Pero y nosotros
Nosotros creados para ella sólo
Soñando siempre ese beso
Abismal que nos reúna
Más allá de donde fuimos otra cosa
¿Acaso nos detendremos conformes
Con baratijas brillantes de poco peso?
¿O derribados gastados los ojos de mirar sin ver
Que sólo es ella paciente que nos contempla?