sábado, 19 de marzo de 2011

Once

La vajilla era inocente y  preciosa.                   
Las copas, los vasos abandonados                 
bajo la lluvia de isótopos fugaces,                               
descansaban ahora tan livianos.
                       
Como después de un pomposo banquete,       
removidos de sus centros, ajados.                  
Constelaciones de cristal al agua                     
que no pudieron huir, sin más trizados.

Fragilidad en los bailes nipones,                      
las gasas, los farolillos pintados,                      
eran como juguetes que se caían                     
al compás de verdosos megavatios.                

La casita de cristal, tan bonita.            
Granaba, la cabeza entre tus manos                
se fue, y no digáis que fue verdad:                   
sonó un gong y todos nos despertamos.

martes, 15 de marzo de 2011

El cangrejo violinista (fragmento sexto)

Se elevan jaculatorias desde la orilla africana: otro cangrejo verde, tan viejo como la luna, más raído y monocorde repite su sonsonete: - en la sencillez, dormida como tu rosa: la dificultad.  Su abuelo se lo enseñó desde una duna morena del mar que no tiene orillas.  Era un cangrejo exigente, uno de los “pata negra”, -¡traedme sólo carne fresca!.  Un último esfuerzo fue telegrafiado “in extremis”  desde San Petersburgo, antes de que el día colgara el cartel de “cerrado hasta mañana”.  Antes del jaque mate triunfante, antes del vuelo imposible de sus mariposas disecadas.  Pensó escribirlo en la lengua de Virgilio, pero en atención a nuestra torpeza o como añoranza de su infancia (bordada en los volantones de su isla verde), se limitó a envolverlo en la mejor de sus fotografías y con el estilo tartésico de siempre:
“ Rosa primera,
de tocar su sencillez
amigo cesa. ”
Cinco más siete que pueden ser ocho pero que mejor dejamos en siete (para no estropear) y otras cinco son diecisiete: sale barato ser amable  ¿Pero servirá de algo, la cortesía del perfecto desconocido, o los cafés rezumantes, o la débil luz que habita en los tuétanos tintados de cada poema? ¿Dime “Ché será, será, whatever will be, will be”, cuando con sus verdes manos pregunte por ti, por mi.
Luz va buscando un cangrejito de trapo cuando la noche se le echa a cuestas.  Luz para buscarla, luz para encontrarla, luz sobre luz.  Luz de luna  sobre el agua, como una mentira flotante, luz reflejada.  El tambor de la luna retumba en el agua: tantán, tantán, tantán.  Adán. Tantán.  Sobre la noche oscura retumba al más puro estilo Nazim: tralará.


“Por el mar corren las liebres.
 Por el mar corren las liebres.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas, tralará.
Por el monte las sardinas.”

Mentira, reflejo de un reflejo, quizá una mentira piadosa, una mentira carmelita.  Una especie de debilidad aquí plantada color café.  Por eso los perros te aúllan cansinamente un reproche canino, porque no saben nada de decretos en su ignorada vida de perros. 



¡Oh mundo mío!, no eres otra cosa que engaño.  Sutileza, capa sobre capa, mentira sobre mentira como un capullo precioso que se abre a la vida.  Que bella es toda mentira, no en vano fue engalanada de azules, de oros, de suaves rosados en las tardes traidoras, embusteras siempre amigas del Pájaro-en-mano, las amantes baratas de los ojos del que está ciego.  Verdaderamente ciego.  ¡Ay Belleza!, verdaderamente no sé qué hacer contigo.  Bella es la luna llena de blancura, de luz, como un huevo lleno de vidas por aflorar, por nombrar, Adán, tantán, enséñales tú a declamar.  Elevado sobre los ángeles elevados, tu sonido primordial, Adán, tantán, enséñanos a reparar.  Errante por la marisma, bajo la luz de la luna, de trapo un cangrejo va.  Los pinos desde la senda asomados duermen ya.  Va cabizbajo, vuelve a casa, ausente de todo, ausente a todo en su paseo zodiacal, ausente a si.  Se envuelve en su flor de loto y se dispone a olvidar los susurros, los trinos (alejandrinos), las naves y el torear, como al principio, como siempre, cerró los ojos y abarcó los extremos.

El amante de Lady Sophía

Tanto la quería,
que se la zampó.

Filomeno a mi pesar

A veces, se esforzaba por todos los medios en asirse,
pero otras se abandonaba a su suerte.
Creía saberlo, le resultaba evidente,
pero en su ilusión, aún no era lo mismo
zambullirse que quedarse al "filo".

lunes, 7 de marzo de 2011

Tarde de toros

Cada vez se sentía más agotada, la conversación se iba tornando más y más rica en matices, en giros imposibles, como queriendo atrapar los colores de una tarde escurridiza, que se desangraba entre las metáforas de algún vuelo extático sin la mayor trascendencia.  Los ojos se nublaban ante el acoso vertiginoso de los capotes que la citaban una y otra vez al ruedo dudoso de las certezas.  Nadie la sabía comprender, pero nada de eso importaba porque estaba dispuesta a todo y embestiría con nobleza hasta la muerte, la ilusoria consistencia de interminables verónicas, las burlas tejidas con el oropel de las lenguas más afiladas.

sábado, 5 de marzo de 2011

Paco y la gran ola

Refugiado en algún rincón del Yucatán más primigenio, al maestro le encantaba flotar y ser indolente consigo mismo en el mejor sentido de la palabra.  Era el hijo del instante para los pocos que podían percibirlo, y aunque tocaba pasmósamente acorde tras acorde de la manera más virtuosa, en realidad la impresión que daba es que ya nunca se bajaba de su gran ola.