domingo, 16 de diciembre de 2012

La campana de Gauss


Solía recomendarle que se mantuviera paciente
en el buceo, las largas zambullidas
siempre preclaras:
ni demasiado prolongadas,
ni distantes

Así era debajo de su barba aún escasa,
escaso aún pero
gastado lo suficiente
cuando aquella tarde abrió su pecho,
su casa y sus brazos capaces.

Y tenía una campana con la que sabía consolarle.
A través de los pasares venideros,
más allá de la moda, de lo cotidiano,
y en ello.
¿Pero que sabía aún de los pequeñines
agazapados en los travesaños?
¿Qué sabía del anudarse que silenciaba
Aquello que parecía pan comido?

En tanto las torres los esperaban
atronando silentes sus nombres,
su nombre,
ningún nombre.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El árbol desnudo


¿Y no pensaste en cómo sería estar así,
 en medio de todo sin asidero,
sostenido en la dureza de esa lisura?

No, no, no.  No lo pensaste:

Cómo ibas a saber tú lo que fuera que fuese
ese andar así sin esperanza en el fruto,
olvidando rostros a cada paso
sin el sabor de las ropas de antaño.

¿Y qué es lo que queda ahora,
ahora que ahora se acerca,
ahora que ayer y mañana se dan la mano?

No, no, no.  No lo pensaste:

¿Acaso este erguirse desde afuera,
esta persistencia vacía como una flecha?

lunes, 14 de mayo de 2012

El hambre

Los surcos se abren nocturnos
la tierra hinchada como el vientre de una parturienta
y unas manos brotantes que reclaman lo suyo
algunos dedos les faltan de tanto que les fue forzado
acelerados los plazos
alimentadas con lo negro
que ahora se nos cae encima.

No te buscan para dar como antaño
pero te buscan
Mírala pasar, es la "Revolución Verde":
Su verdor ahora
es el verdor de la muerte

miércoles, 4 de enero de 2012

Los seres alados

Una luz de medio punto se derrama dorando la cubierta vegetal incipiente.  Es la oblicuidad de la órbita, que todo lo retrata como si fuera una tarde eterna, un milagro arrancado a la crudeza del invierno, una golosina efímera.  Mickey mouse quiere surcar el frío azul al galope de un chavalillo y de la rotundidad secreta de quien más lo ama (el centro del mundo).  Un intento, casi... otro… otro más, ¡vamos, arriba, arriba!   La arena del arenero improvisado se torna castillo feudal con foso y dragones, pirámide egipcia de pulcra geometría, isla mágica o diana infinita donde atraca la divina fantasía de aquello que no debe perderse nunca, pero que casi siempre se pierde.  El poeta lee versos entrecortados de otro poeta cercano (o distante) bajo un cielo de lapislázuli, dejándose ir con ellos de esa manera tan especial.  Se apiñan en los parterres el romero, el tomillo y la lavanda junto a un lecho desordenado de rocas calcáreas.  Hora de irse,,, todo pasa tan deprisa.  Despedirse educadamente de los amiguitos y sacudirse bien la arena adherida en los párpados y en el corazón.  Alargar el camino de vuelta por entre la arboleda, la plazuela del parvulario y la insigne parroquia: No dejar ropa usada en la puerta, deposítenla en el ropero que hay en el  convento de los frailes, los miércoles por la tarde.  La abeja pasa zumbando un poco aturdida por los rigores del invierno.  Casi me derriba de regreso a su colmena.  Suele pasar cuando se vuelve de libar en exceso la rosa azul que no acertamos a ver de primeras.  Muy bajito yo la escucho “Dat Rosa Mel Apibus”.

Malva

El poeta se vistió con su camisa malva
y sus versos bajaron eternos.

Pero hoy ya se escribe cualquier cosa.
Acaso no saben que la poesía es malva,
que huele a malva,
que sabe a malva.

Y dicen mundo, casa, coche, teléfono.
Y dicen tú a veces.
Pero en realidad quieren decir yo,
muchas veces yo.
Siempre yo.

Y dicen rápido.
Ya todo es rápido.

martes, 3 de enero de 2012

El vuelo de Machado



(Pseudo-haiku sin más explicaciones)




Sobre el olivar
se vio a la lechuza
volar y volar