viernes, 13 de mayo de 2011

Supervisión

Lo he visto con los ojos bien cerrados.
Subía y aún había más, arriba.
Son los vigías, terribles y atentos,
precisos, bien dispuestos fila a fila.

En conciliábulos o a solas, mudos
testigos que sopesan con su vista,
de escritura pulcra, inafectados
mientras giran  al pairo nuestras vidas.

Conteneos, luego de dicha no vuelve
y la tinta eterna, queda patente.
A menos que una gracia que lo envuelve

todo disponga de algo diferente.
Guardaos de un día que todo resuelve,
y sus informes resulten presentes.

1 comentario:

  1. No sólo tenemos la permanente
    Mirada.
    Otro, sin ojos, nos ve y nos conoce
    Dice:
    Esas no entran en sus cuentas.
    Por qué?
    Preguntan extrañados los nobles
    Escribas.
    Quién ve el interior bien sabe
    Lo que hay
    En este corazón sorprendido.
    No acepto
    Obra, por muy piadosa que sea
    Que algo
    A Mi asocia.

    Un muy grande abrazo.

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