El punto...
El punto de partida claro, no podía ser de otra manera, no es otro que esto que me rodea, que te rodea, que nos rodea. Esto que nos hace reir y/o llorar. Esta urgencia que me impulsa a moverme aunque no quiera, esta flor que grita ante mis ciegas pupilas - Tonto, tonto, retonto! -.
No es otro que esa mirada al salir de casa o ese dolor ante las preguntas omnipresentes. Esa incorregible manía de ordenar la casa, casi tan estúpida como una mañana de clásica, té recién hecho y un poco de lluvia tras la ventana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario